El Canto De Los Niños Ha Cesado

Se retira de la boca
Una evocación a la vida
Se desmienten las acusaciones
En soledad.
A qué sentir el horizonte de carne
Pegada a los vitrales?

Andan de otoño los amantes.
Calibran de verdad el silencio,
Nadie dice lo que febrilmente se
Guarda con el día.

Podría atisbar un abismo
Entre los dedos.
La noche ignora el nombre de la
Próxima mentira,
Mortuorios de palabras se arriman
En el pensamiento.

La muerte siempre llegará igual.

Salir de unos brazos destinados a
La desesperación inocua de sus días,
Brisa que seca la grieta de la carne que viaja.

Amor ausente,
La sustancia irreverente del desapego,
El cuarto de hora
Resucita en cada muerte que amenaza.
He tenido que evocar el momento primero
Simple y tibio.
He tenido que parir el pasado
Y beberlo lento
Y arrimar el goce quieto que asesina
El desasosiego
Y contar con la mirada tranquila de los niños
En las fotos viejas de las agendas empolvadas.

Si ahora volviera la vida en su origen metálico,
Si se repitieran las mismas seis de la mañana del mismo año
De las uvas…
Si se llenaran los cuajados ojos de otoño,
En el mismo canto,

Volverían tus lirios a asomarse,
Y la misma azotada presencia de intranquila ansiedad.
Un blando escudo de cenizas.
Hueco ahora el corazón,
Batido como la maleza por el viento.

Hemos caminado en silencio, amor
Solos,
Atrevidos y desiguales
Vinieron los temporales,
La raíz brotó de un suelo quebrado.
Vuelve el fruto fuerte
Encarnado en su rama.

Hay cantos de niños en las viejas casas de la calle.

Terrible la aparición del escudo,
Vuelco y recargo.
Presentaciones de trágicas comedias en los teatros.
Busca la grieta, amor
No somos el invento de nuestro deseo,
Morimos fermentados
Somnolientos
Morimos abrazados y quietos.

La boca sellada
Y la cabeza bajo el manto
Y las rodillas hundidas, marcadas.
Libertad que se me rompe en la cara,
Ha llegado la rebelión de nuestra espera,
El entendimiento que nos hace frágiles y
Remotos.
Libertad de tierra despoblada,
Invisible cadena que gime y rompe sin huella de seguro.
Palabras de descanso
Me truenan en la indiferencia de tus pasos.

Atravieso tu amor como un legado,

Voy a partirme en los pedazos de tu hastío.
Sangrará el oblicuo roce de tu beso.
Tengo un hijo entre los brazos,
Cubierto de luz,
Ignorante de tu abrazo.

Ella contiene el universo de tus sienes,
La lengua hervida
Entre dientes amanecidos,
No se habla de legumbres,
Tu silencio…
Es palabra de otro sitio.
Servimos en la mesa la cabeza
De este amor
Pálido y sabio
Buitres afuera vuelan y esperan
Y despacio nos desvestimos
Y oscurece el cuerpo triste:
Le han sacado los ojos
Le han atado las manos.

Te atraviesas, mi amor, como un legado.

Ya no existe, el confesor secó sus brazos.
Me castiga la muerte en su retraso,
Los ojos blandos.
Amor, que no tengo reposo sin tus manos.
Río de plata sepulta mis pies,
Inmóvil y abatido el pájaro cae…

Libertad para sus alas!

Pero, qué haré sin sus palabras?
Perfume que desgasta la confesión del hábito,
El deseo esta marchito,
El cuerpo desolado arrima su vestido,
No me ves temerosa en tu rechazo?

Amor, no te arrepientas por la frialdad de tus manos,
No mitigues el dolor de un olvido apresurado,
Siempre contamos que volverían del letargo.

Amor, la mariposa desciende de la imaginación tediosa,
Y ahora que no quieres,
Ahora que el cansancio ha parido en tus manos y
Ha enfriado el arrebato de tu cuerpo,
Amor, ahora es tiempo,
Cera caliente en la piel y el retraso,

La tristeza de los días se me ha clavado en los ojos.


(El canto de los niños ha cesado).