...y qué fue de todo vestigio de cordura


...y qué fue de todo vestigio de cordura
yo me alimenté de cada burla
el viento osciló en cada puerta
averiguando-me
en aquella esquina estaba el tiempo
viendo mis años arrojarme las flores
luego, lluvias secas en mi desorden mortal
a quién le habré dicho de mi muerte...

ahora camino por el espacio del que se fue
no encuentro forma alguna de volver
éramos mamíferos de soledad y olvido
acorralados como algo insufrible
y azuzamos las hojas mientras la risa
se arrojaba loca sobre las piedras

ya nada tiene sentido, aquella influencia maligna de las palabras
estado ausente del verbo mientras... el silbido de los pulmones jóvenes
galopa a los nuevos roces, sedientos
como lobos

desde que aprendí a mecerme como los murciélagos
abandoné toda lucha y resigné mi pulso a mi noche
larga como las banderas altas
que mienten con el viento jugando a libertad...

Hay tantas luces en la ciudad...


Hay tantas luces en la ciudad, me aturde la esperanza de poder tocarlas porque se han mantenido cálidas en la lluvia, bajo una sombra gastada de tanto recuerdo. Tantas voces anunciando siempre la melancolía sin nombre, una situación peligrosa en la economía, un diluvio por caer y solo nos bautiza, muchos momentos de risas esparcidos en los autobuses llenos de mujeres paridas que vienen y van como hormigas, todo con la premura como si olvidaran la muerte contigua, sorprendente en cada paso de elefante, en el corte de cada respiro de perfume, abstinente en cada rayo del sol o cada hilo de luna, una preocupación más y el maquinista detiene con frenesí los rieles del mundo… pero estas tú en el mundo… y eso lo cambia todo...

Te he abandonado como un hijo ajeno...



Te he abandonado como un hijo ajeno
tal vez por las risas locas
el olor a heliotropo saliendo por las ventanas
un abandono es cualquier cosa
es una mirada fuera de foco
un correr a veinte metro por doquier
es cerrar los ojos y... nada
es abrir los ojos y... nada
es extender las manos y... nada
el abandono es cultivar la tierra estéril
después de las seis...
quedarse gorjeando una palabra sin terminar

Luego ya no sabes por qué
solo el ruido de la puerta cuando cierra
te das cuenta...



(...)


...y ya se acabaron las venganzas
y el mundo
y los amaneceres se regodean
en algunas de las esquinas donde se han perdido las horas,
no es casualidad este pregonar-te como un periódico
es hurgarte en los rincones,
en los pensamientos de los transeúntes,
en todo aquello que huele
y se mueve
y se desprende a las seis de la tarde
para convidar la oscuridad,
por alguna razón te nombro como un rezo
un desprendimiento
algo extraviado por casualidad...

Cualquier cosa desde aquí...




Cualquier cosa desde aquí
paraíso fantasmal
lenguaje burdo
inexperto...
mejor el silencio
mejor el cuchillo
tal vez la ausencia
"la ausencia es silencio"
pensamiento frágil
existencia efímera de cuatro costados
cualquier cosa antes
ese Cristo que me mira a las seis
algún olvido ya holgado
este presente de mierda que falta
y todos hablan...
Qué importa dónde
esta máscara virginal tendrá su efecto
y su día estará pletórico de aullidos
y rocío seco
Nada sabemos de la muerte
esa degustación aletargada
en las rancias paredes de una garganta virgen
la oración con la mano en el sexo
vena incansable...
Cualquier cosa desde aquí...

Y arrojarme en pedacitos
al borde de tus ojos milenarios...


Momentos...



Hay ciertos momentos, esos que son únicos, que vienen ya compuestos
con sus días y sus tardes y sus noches, se elaboran lejos de ti, pero tienen
que ver contigo, ese momento que te tropieza y justo ahí te abraza fuertemente
como hincándote en una razón indecible... ese momento que solo tú reconoces
como tuyo y quieres extenderlo y tal vez, lo más seguro, alguien no lo te mira
a los ojos y no te adivina, no te siente trepidar y es cuando florece el maravilloso
silencio encadenado a las tiras de tu garganta y no te queda de otra que acloparte
a tus rodillas y quedar quieta con ese riachuelo bajo los párpados... hermosamente silente
mientras la ciudad te desconoce proscrita de ti... Pasará.

Desvarío



Todo intento puede ser abrazado como un imposible...
hasta que te sonríe y se vuelve la ternura de una pesadilla
el otoño más hermoso del mundo
una calidez simple, profunda, sola
y el sufrimiento de ser
el padecer de ser que se ejecuta como un mar profundo con grandes olas
Razonamiento, sepulcro del que ruega por su "vida"
que viene de muerte en muerte suplicando una palabra, una, vacía y sórdida
pequeña articulación de esperanza
sentada en los bancos agridulces
donde ya no llora nadie ni se ríe nadie
Terriblemente ido y arrancado del escalofrío
como si una muerte pasara muy cerca y le soplara el ojo...

Temo escribirlo, vaciarme...


Temo escribirlo, vaciarme.
Toda mi cabeza espantada del mundo, 
olla de presión hacinada de humo pendiente de estallar  en partículas
pequeñísimas y velar toda información 
no nueva
no extraordinaria
ni siquiera vanguardista, pero 
apostada a la imaginación atrevida de alguien como yo
y puede que no sea nada
lo más seguro es nada
más que nada, nada...
y ese tremor frente a un espejo joven que vuela
y no sabe que esta volando en el carrusel que no regresa
ni por un beso regresa...
y tengo prisa
una prisa enorme por decirme cosas
por atreverme a importunarme
y llevarme al máximo de mi y mis riesgos
y mis sueños de muchacha perdida y vieja
ya muerta hace unos años
que se insinuó al mundo como una puta sin decoro
manoseada por el lenguaje y su perversión de adulador barato
tengo prisa por parirme en palabras incalculables
como una fuente ya casi seca, pero hacendosa en su destino

Me sueño abrazada al cuerpo lineal del poema
viruta por viruta tallada al vacío del entendimiento
bajo la hierba
en una de esas noches que no dicen nada y son recordadas para siempre...

Se fue...


Estar, ser, ¿qué te digo? puedes pasarte la vida tratando de entender la diferencia. Nuestra lengua inventó el existencialismo, es decir, la separación entre las dos manifestaciones del ser:  La esencia (el ser) y la existencia (el estar).  Sólo por eso, el español es la más humana de las lenguas, allí donde las hubiere.

Eso me recuerda una mujer. Sí, así de absurdo como suena.

Ella era alguien que se suicidaría algún día.  Así la conocí y así la recordaré, incapaz de reconocerse humana, se negaba a aceptar que hubiera alguien en este mundo que pudiera tener algo así como una vida personal aparte de la que ella, en su indulgencia suprema, le atribuía.

Era tan bella (sobre todo de noche) que atravesaba en todas sus formas el gas de la distancia, impune como el delito de haber nacido.  Y cuando se le ocurría hablar, había que enterrrarse en la propia  piel de cualquiera de nosotros mismos y quedarse esperando hasta que pasara aquella increíble tormenta de palabras...

Como todos los seres perfectos, ella detestaba el error ajeno y la expresión de cualquier idea que comenzara con "dime..."

El diálogo con ella era más bien un diáblogo, pues solo de blog a blog podía uno hacerse una idea de la terrible distancia que nos separaba de su inconmensurable altura.

Como Dios, ella se fue un día y nunca  más volvió.  Solo a veces, al masticar al viento algunas sílabas cerradas junto a otras más abiertas, su más íntimo recuerdo se atreve a brotar, como un místico repollo, en medio de una conversación en la que uno habla de funtivos, de shifters, o de mecanismos de correferencia...

Al irse ella también, me dejó su ausencia como una nube gris a la que no exorcizan ni siquiera mis incontables cigarrillos...



MANUEL GARCIA CARTAGENA

junio 2008 

Los imposibles también existen...



Los imposibles también existen
y ondean su bandera de triunfo
sobre una tristeza estacionaria que añeja
con los años
prolijos, con una sonrisa ladeada
desterrando la magia
y viajan contigo en el tiempo
y regresan con los ojos vacíos...

Así se hace espacio a la sonrisa cotidiana
allegando desconocidos...

El calor pone sal en la herida



El calor pone sal en la herida
universo reducido a nada
y el domingo a cuestas
huyendo de la memoria...

(...)



La noche nada tiene que ver con el espectro fantasmal de nuestro abismo
alguna vez, otra vez, encontrarnos merodeando el mismo silencio
a mi... ya no me asustan las luciérnagas.

Yo sé...

Yo sé...
Todo pasó
como el tiempo que pasa sin
huellas o envuelto en la carrocería
aplastante con sus vueltas y lejanía

Yo sé...
Las tiras de mi garganta cuelgan
como luces apagadas tras el árbol marchito del adiós
proscrita, sin desviarme del camino,
y regresar, un segundo, sobre las palabras...

Yo sé...
que no vendrás más nunca
ni tus dedos, ni tu silencio me bañaran
ni otra vez me acariciará la incertidumbre de tu sonrisa
cuando te acercabas o simplemente cuando el perfume
en un celaje ciego me dormía...

Yo sé...
en la noche el frío es cosa mía
y el café guarda las horas
de arena en las manos
Fantasma ambulante como un guerrero esperanzado
de volver a casa...

Yo sé...
Tal vez no
tal vez, casi nada
quizás, ahuyentada como un estorbo
de tu lengua rosada
en días que las mieles sobresalían por las comisuras...

(Apuntar a un iceberg antes que lo derrita el sol)

Hoy me pesan los muertos en el corazón



Hoy me pesan los muertos en el corazón
los que me susurraron al oído
y me dejaron sin aliento largas noches de octubre
mis muertos azules de mañanas
lacerados por un lenguaje desconocido
sin rostros ni manos
ni el lunar que reconocería
a la vuelta
Hoy me pesan "como muebles arrumbados en el corazón"
inclinados al abismo de los sueños
irreparables por el tiempo
Hubo en las tardes caricias hermosísimas
ahora destinadas a la hoguera y la ceniza
quebradas como los troncos para el fuego
Si tan solo pudiera odiarlos y fijarlos
dentro de un cuadro abandonado en alguna
casa de la ciudad...
haría espacio para sonreirle a algún rostro de luz
en esta buhardilla tan estrecha...

He venido en sombras...



He venido en sombras
recreada en algún recuerdo
posesa de los gritos lejanos del placer
posiblemente con llantos olvidados
por la edad
repetidas veces ausente como alguien
a quien le han revelado el día de su muerte

Solo así concibo el puñado de noches y días
avanzando como una larva dueña del mundo
y de la vida sin atraer el peligro
sonámbula de no mirar el piso
ni las manos,
guiada por el olor final
el camino interrumpido.

Otra vez visite las horas de la noche...



Otra vez visite las horas de la noche
Anduve de dedos en sus ojos y la piel
Nuevamente colgué del péndulo
la risa azul…
Visite los balcones de la muerte
La piadosa tranquilidad de sus meandros
Adoración del eco y una voz enterrada
Corrí con brazos abiertos al desierto de mi vientre
Del miedo y sus imprecaciones…
Trepidante en el ocaso
Alguna cosa irremediable volvía a morirse
Una y otra huella en trance al camino
Venda y soneto
Racimo de sueños
y el umbral… siempre vacio.

Es de estos fosos que te miro...



Es de estos fosos que te miro
de estos poros que no respiran
desde esta piel azul de frío
fuera de estos brazos
lejos de esta lengua que te nombra
cerca de la soledad
en conquista del vacío...

Te he hecho añicos, basura, lodo del camino...



Te he hecho añicos, basura, lodo del camino
y he vuelto a construirte...
Todo el pedregal de tu historia
un otoño blanquinegro y anónimo.
Los niños danzan descalzos en la penumbra,
fuegos artificiales cruzan el viento
y un gran carrusel detenido en una esquina
por donde vienen los augurios de la felicidad
yo, que no padezco de ninguna belleza,
anónima ante el vástago que adormece fijo
como un espantapájaros, posé mis labios en sus manos
anduve en siluetas sobre las paredes de su vida
y un aguijón de murciélago me hincó en el vientre
parido de tus hijos de luz...
Quien no existe me ha mirado
y qué es lo que me viene como un destierro?
el aroma a tierra húmeda...
una huella de quien no ofrece más que palabras a una muerta.

Locura...



Locura, observadora incansable
hacedora sublime del mundo
manto transparente al viento que con un soplo solo...
el horizonte se transforma en la orilla del universo
aliento impredecible de un abismo cercano...

Todo el peso del camino en unos ojos...



Todo el peso del camino en unos ojos
el horizonte pálido ha venido a despedirme
con su gesto suave de hoja caída
tu nombre escondido sobre los árboles
tímido y trepidante aun desconocido de mis raíces
de mujer primitiva y húmeda
fuimos y no terminamos de ser esta tarde
acudimos presurosos a los labios
He visto las rosáceas mañana sembrarse
en los huertos de la espera
con su neblina en las albas ocluidas
y allí tus ojos, perennes
a la espera del celaje
bendecidos por el lenguaje terrible de los pájaros.